VICENTIN, LUEGO DE LA QUIEBRA

 Ariel Pirchio, productor agropecuario de la localidad de Cañada de Gómez.Al igual que una gran mayoría de afectados por la caída de Vicentin, Pirchio se enteró por un mensaje que llegó al grupo de Whatsapp que tiene con la corredora a la que le entrega su mercadería. “Me avisaron que había entrado en cesación de pago y que no se iba a pagar nada, sin más información que esa”, dijo.

“Justo había entregado prácticamente toda mi cosecha del trigo correspondiente al 2019, además de lo que ya había dado en soja de ese año también. Me quedó todo ahí. Era el 85% de mi producción, altísimo porcentaje”, expresó.

Al productor se le complicó el panorama porque “tenía créditos de compra de herramientas para el campo, un tractor, compras de un equipo de recolección de maíz, donde incluso tenía cheques de la empresa donde yo entregaba cosecha y que se vencían”, es decir, “ tuve que postergar compromisos de pago con el banco, financiar insumos, dejar de pagar impuestos hasta la próxima cosecha. Por supuesto también proyectos. No pude hacer nada. Me frenó todo”.

Con un 2020 signado por la pandemia y el default de la aceitera, el productor de cañadense siguió avanzando como pudo, hasta que llegó la nueva cosecha que trajo un alivio para salir del “desastre económico”, describió, porque “esto frenó por completo mi rueda de producción, los proyectos que tenía no los pude hacer y en esto si no haces las cosas prolijas, te toca salir a vender el campo, no es joda”.

Mientras se decide cómo se pagará y cuánto a cada acreedor, Pirchio tiene expectativas de cobrar, pero sabe que con deuda pesificada no le va a alcanzar “ni para comprar un kilo de pan”.

“Con una deuda en pesos, de acá a que cobremos no vamos a poder comprar nada. No nos sirve esa plata. Esto se tendría que haber arreglado enseguida. Lo veo complicado. Nos robaron nuestro sacrificio”, cerró.

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